El 14 de enero de 1957 pasaron dos cosas que yo jamás podré olvidar, aunque lógicamente yo no era ni un proyecto lejano por aquella época, ya que ese día nació mi padre, que hoy cumple 50 añitos y murió el actor que desde mi punto de vista mejor representó el cine negro, Humphy Borgart.
Dios sabe que de haberlo conocido seguramente me hubiera caído mal, bebedor y fumador empedernido, tenía fama de muchas veces no llegar en condiciones a los rodajes. Se dice, se oye y se comenta que la increíble y dulce Audrey Hepburn le quiso “matar” junto a Billy Wilder en alguna ocasión durante la grabación de Sabrina (1954), ya que llegaban los dos al rodaje más contentos de lo políticamente correcto.
Lo cierto es que durante la filmación de la película las relaciones entre Bogart y el resto del reparto fueron bastante tensas y es que Bogart sólo aceptó el papel porque su agente le convenció de que debía participar en una comedia, para mitigar la imagen de duro que tenía.
Lo que es singularmente gracioso, porque su único Oscar se lo otorgo otro papel, que aunque no era de una comedia, tampoco iba de gangster, ni de tipos duros, aunque si de solitarios. En 1951 fue protagonista de la bellísima película La reina de África, dirigida por John Huston y coprotagonizada junto a la otra Hepburn, la magistral, única y genuina Katharine Hepburn.
Toda la película se sustentaba en ellos, apenas si había más personajes y se tiraron casi todo el metraje los dos solos, con alguna sanguijuela, en una barcaza cruzando África.
Sin embargo Borgart, o Bogey como se le conocía familiarmente nunca hubiera sido él, sin el cine negro y es que El halcón maltés (1941) dirigido también por John Huston le convirtió en quien era, y es que esa película se suele considerar como el comienzo del cine negro. Sin embargo y por mucho que Sam Spade marcara la vida del actor, sólo Rick le embarco en la eternidad.
Si tuviera que elegir una película, sin lugar a dudas seria Casablanca (1942) dirigida por Michael Curtiz, la habré visto más de 10 veces, la habré analizado en tantas clases que ni me acuerdo, pero nunca me canso, siempre descubro algo que hace que quiera oír otra vez más a Sam cantar junto a su piano “As Time Goes By”. Para que os hagáis una idea en los Estados Unidos Casablanca es tan popular que es conocida como The Movie.
Si no os gusta, es seguramente porque no la habréis visto.
Bogart para mi siempre será Rick esperando en Casablanca que algún día Ilsa (Bergman) regrese a su lado. El sacrificio de un tipo duro. Casablanca no existiría sin Humphrey. El cine tal y como hoy lo conocemos no existirá sin él.
Casado en cuartas nupcias con la guapísima y elegante Lauren Bacall, estupenda actriz con la que grabo cinco películas, Bogart murió a los 58 años de edad por culpa de un cáncer de esófago, que más de uno ha dicho que se ganó a pulso.
Una vez leí que Marilyn Monroe y James Dean nos habían regalado el hecho de no envejecer, de convertirse en mitos eternamente jóvenes y hermosos. Humphrey Borgart nos regalo a un personaje, tipo duro, buen corazón, gabardina, sobrero inclinado, cigarrillo en la boca, el pobre hombre seguramente no habría sobrevivido a los 60, ni muchísimo menos a le ley antitabaco. Murió, para llegar a la eternidad.
Porque en el fondo, siempre no quedará Paris.